jueves, 5 de abril de 2012

Me fumé al sentido del ridícul

Me esnifé a la vergüenza, me tomé un mojito cargado de humor, y al día siguiente tuve resaca, pero me daba igual. ¿¡Qué coño importaba ya todo!? Yo estaba dispuesta a hacer lo que fuera, y con ''lo que fuera'', me refiero a cualquier cosa. Así que cogí la jeringuilla, y me inyecté por vena algo llamado felicidad.

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