-Me da miedo decir algo equivocado...
Te amo.
-Vuelvelo a decir.
-Te amo.
-Nunca dejes de decirlo.
-Te amo,te amo,te amo.
-Nunca habia sido tan feliz en toda mi vida.
-Yo tampoco.
-Tan feliz como para tocar el cielo con un dedo?
-No,muchos mas,al menos tres metros sobre el cielo
viernes, 8 de julio de 2011
martes, 5 de julio de 2011
Lo que fue nuestro.♥
Pasan los días, las horas, semanas y meses, demasiados segundos como para contarles a la espera. Una espera, que, ya, no se hará realidad, que poco a poco vuelve ese olor a hierva mojada, tan único de este tiempo, la piel con olor a mar o a cloro, la arena por el cuerpo, las partidas de cartas sobre una toalla, las comidas entre risas, entre amigos. Respirar el calor, el sol, la inevitable felicidad de las mañanas, de poder quitarte el reloj, saber que no importa la hora ni el momento, solo el con quien. Está todo tan cerca, que ya me asusta, todas aquellas promesas incumplidas, el momento que quisimos vivir, pero que solo quedará recordar, la compañía que el frío viento se llevo en un abrir y cerrar de ojos, las mañanas seguidas por tardes, las tardes seguidas por noches algunas veces sin descanso, porque el sol parecía perseguirnos, hasta el momento de separarnos y cerrar las puertas de nuestras casas. Inevitablemente, cierto día, se cerraron, pero para no volver a abrirse, chocaron unas con otras, como el avión contra la torre en el 11S, se desvaneció de la nada todo, una historia, la historia, planes e ilusiones, esperanzas de volver a ver el sol soltando grados de calor, tumbados en un prado, cegando nuestros ojos, riéndonos de los mismos chistes de siempre, escuchando la misma música día tras día, desesperándonos por ello, y sacándole una sonrisa a nuestra rutina.
PD:Te quiero.
Pretendo escribir todo lo que te quise decir, aunque sé que ya no servirá. Pero aún así, yo lo sigo intentando, una vez más. Solo decirte que te quiero. Pero, ¿cómo? No importa lo que me digas, ni que me entiendas, me conformo con que me escuches, o que me hables, dejémoslo en que me basto con saber que estás ahí, de alguna manera. Allá voy…
-Hola, ¿qué tal todo? bueno, no sé, solo decirte un par de cosas.
Nunca he visto como tiembla el suelo cuando el mundo despierta, o como un volcán suelta fuego por su boca. Nunca me ha tumbado el viento, excepto por la soledad. No sé lo que es temer a un gigante, ni correr a la velocidad de la luz. Tampoco he visto nunca una estrella fugaz, ni un arco iris doble. Jamás en mi vida he sentido una tormenta que estaba a un par de kilómetros, ni el primer copo de nieve del invierno, siempre ha sido todo inesperado, aunque no siempre imprevisible, algo parecido a ti. Y pocas, muy pocas veces, me he quedado sin palabras, sin apenas voz, excepto con tus besos. Pero lo que sí que puedo decir, es que sé lo que es un tsunami, aunque tampoco lo pude predecir. Estás un día cualquiera, tranquila, en cualquier lugar del mundo, no necesariamente cercano al mar, y de repente llega algo, más bien alguien, que te mira, y el mar comienza a temblar, quiero decir, tu cuerpo. Cuando te quieres dar cuenta, algo se empieza a elevar en el horizonte, sus ojos en este caso. Para cuando quieres empezar a correr, ya es tarde, porque una ola gigante, él, esta cada vez más y más cerca, y de repente te ves empapada en un mar de caricias y besos, en una ola de abrazos y miradas, y te encuentras perdida en la nada, ahogada en un millón de palabras bonitas. Hasta que el agua sale de tus pulmones, y despiertas, y ves que, que todo está destruido, que no sabes nada y que gritas en silencio, con miedo por primera vez al desastre.
Un beso, como los de antes.
PD:Te quiero.
Nunca he visto como tiembla el suelo cuando el mundo despierta, o como un volcán suelta fuego por su boca. Nunca me ha tumbado el viento, excepto por la soledad. No sé lo que es temer a un gigante, ni correr a la velocidad de la luz. Tampoco he visto nunca una estrella fugaz, ni un arco iris doble. Jamás en mi vida he sentido una tormenta que estaba a un par de kilómetros, ni el primer copo de nieve del invierno, siempre ha sido todo inesperado, aunque no siempre imprevisible, algo parecido a ti. Y pocas, muy pocas veces, me he quedado sin palabras, sin apenas voz, excepto con tus besos. Pero lo que sí que puedo decir, es que sé lo que es un tsunami, aunque tampoco lo pude predecir. Estás un día cualquiera, tranquila, en cualquier lugar del mundo, no necesariamente cercano al mar, y de repente llega algo, más bien alguien, que te mira, y el mar comienza a temblar, quiero decir, tu cuerpo. Cuando te quieres dar cuenta, algo se empieza a elevar en el horizonte, sus ojos en este caso. Para cuando quieres empezar a correr, ya es tarde, porque una ola gigante, él, esta cada vez más y más cerca, y de repente te ves empapada en un mar de caricias y besos, en una ola de abrazos y miradas, y te encuentras perdida en la nada, ahogada en un millón de palabras bonitas. Hasta que el agua sale de tus pulmones, y despiertas, y ves que, que todo está destruido, que no sabes nada y que gritas en silencio, con miedo por primera vez al desastre.
Un beso, como los de antes.
PD:Te quiero.
Héroe
¿Serías capaz de llorar si me ves hacerlo? ¿Podrías salir corriendo y no volver nunca atrás? ¿Correrías el riesgo de dejarme tocar tus labios? ¿Me dejarás sin respiración? Te prometo, que para cuando llegue el día, sin darte cuenta, estarás tan locamente enamorada de mí, que harás lo posible por no dejarme escapar. Déjame ser tu héroe, solo quiero tenerte entre mis brazos. Puedo dejarte escapar de la soledad, bailarás si te lo pido, te agarraré, te sostendré firme en el aire, para siempre. Escucharás mi canción, creerás que mi amor, va a ser siempre tuyo, te preguntarás que cuándo has perdido la cabeza de esta manera, pero no me importa, porque estas aquí, esta noche. Sonreirás, te diré que por qué y lo harás aún más, ya que no sabrás la respuesta, lo que provocará tu nerviosismo. Soñarás, que este momento es para siempre, y que arriesgarás tu vida por mí. Y sin darme cuenta, yo habré caído también. Lo supe justo en el momento que ví todo perdido, en un abismo que parecía no terminar jamás, cuando llegó el momento de que te acercarás a mis labios, e inevitablemente, me abalancé sobre ti, creí, que era el fin del mundo, y que nada nos iba a separar, y efectivamente, fui tú héroe, te salvé de caer, de que mis ojos te embobaran y el puente terminase, pero solo te salvé, de hacerlo sola. Cumplí lo que te dije, te tuve entre mis brazos para siempre, fui tu héroe, te quiero.
SI.
-¿Me quieres?
Pensé que no podía ser verdad que me estuviese preguntando eso, las peores palabras, en el peor momento, no podía ser peor. No sabía qué responderle, sí mi respuesta, pero no cual era la correcta, la mía se trataba de un claro SI. Si me fiaba de mi tenía mucho que arriesgar, podía ganar, claro, siempre se puede, pero también, por una vez, tenía una milésima que perder, no debía de lanzarme a unos brazos a riesgo de que al instante de posar la más mínima parte de mí sobre ellos rompiesen y caer, y tener que levantar, y volver a empezar, teniendo un buen suelo firme y seguro donde aguantarme. Tenía que romper pronto el silencio, y todavía no sabía cómo hacerlo, el tiempo se me echaba encima y la respuesta cada vez hacía pasar el tiempo más rápido, era el momento de reaccionar y jugármela, decidirme a dar un paso cualquiera, del que me podría, y seguramente arrepentiría. Te dabas cuenta de que solo sabía suspirar y mirar hacia todos los lados, lo que me hizo ponerme aún más nerviosa, notaste que lo único que me apetecía en ese segundo era correr, por primera vez en toda mi vida lo vi necesario para algo, cosa que te preocupó, cosa que me hizo pensar que me conocías más de lo que creía, que quizás era el momento de tirarme a la piscina, aprovechar aunque solo fuese otro segundo de ti, pero que de cualquier manera merecías la respuesta antes de que pasase otro segundo, segundo que intentaría alargar lo máximo posible, y decidí malgastarle mirándote a los ojos, podía ser la última vez que lo hiciese, sabía que cegarían los míos, que nublarían el largo segundo anterior, pero lo único que me dijeron fue que me necesitabas a tu lado, aunque igual entendí mal, pero en un acto reflejo tras pestañear, solo acerté a decir en un impulso tan espontáneo como fugaz, un rotundo sí.
Pensé que no podía ser verdad que me estuviese preguntando eso, las peores palabras, en el peor momento, no podía ser peor. No sabía qué responderle, sí mi respuesta, pero no cual era la correcta, la mía se trataba de un claro SI. Si me fiaba de mi tenía mucho que arriesgar, podía ganar, claro, siempre se puede, pero también, por una vez, tenía una milésima que perder, no debía de lanzarme a unos brazos a riesgo de que al instante de posar la más mínima parte de mí sobre ellos rompiesen y caer, y tener que levantar, y volver a empezar, teniendo un buen suelo firme y seguro donde aguantarme. Tenía que romper pronto el silencio, y todavía no sabía cómo hacerlo, el tiempo se me echaba encima y la respuesta cada vez hacía pasar el tiempo más rápido, era el momento de reaccionar y jugármela, decidirme a dar un paso cualquiera, del que me podría, y seguramente arrepentiría. Te dabas cuenta de que solo sabía suspirar y mirar hacia todos los lados, lo que me hizo ponerme aún más nerviosa, notaste que lo único que me apetecía en ese segundo era correr, por primera vez en toda mi vida lo vi necesario para algo, cosa que te preocupó, cosa que me hizo pensar que me conocías más de lo que creía, que quizás era el momento de tirarme a la piscina, aprovechar aunque solo fuese otro segundo de ti, pero que de cualquier manera merecías la respuesta antes de que pasase otro segundo, segundo que intentaría alargar lo máximo posible, y decidí malgastarle mirándote a los ojos, podía ser la última vez que lo hiciese, sabía que cegarían los míos, que nublarían el largo segundo anterior, pero lo único que me dijeron fue que me necesitabas a tu lado, aunque igual entendí mal, pero en un acto reflejo tras pestañear, solo acerté a decir en un impulso tan espontáneo como fugaz, un rotundo sí.
Hasta otra amigo.
Escuchar que decías sin querer entenderte, y decías que te perdía, como me perdía yo. Que cada vez gritabas más y más alto, asustándote pero sin nunca abandonar, descubriendo que tus manos estaban vacías, y mis palabras ausentes. Estaba inmersa en saber que todo era mío, eras mío, creyéndome tus palabras, que por esa vez iba a ser solo tuya, buscándole el significado a cada mirada, imaginándome que esta vez si que era verdad y aferrándome a cada segundo, sintiendo que cada vez todo iba a más, que era más importante, que yo era especial, o simplemente esa que iba cambiar todo, cuando me dejaste respirar a tu lado, reír tus chistes, que mis pestañas rozasen muy suavemente tu cara, que mis labios, como si del viento se tratase pasasen por tu cuello, haciéndome creer estar segura de intentarlo, y volví a caer en ti, en tu juego y tu trampa, mientras trazabas el plan de huida, sin entretenerme en el cómo, solo en el qué. Como de costumbre vivir en un mundo a parte, tratando de que el tiempo no te coma, y cada vez que tocaba estar a tu lado, mi corazón fuese lo más parecido a un caracol, y sentir que tengo miles de segundos a tu lado, haciendo de cada uno una eternidad, pero solo era capaz de ser un guepardo, correr y correr, saltándome segundos, uno de tras de otro, a toda ostia, sin pensar en lo demás, cortando el viento, sin apenas pisar el suelo, y de repente, sin más, frenazo en seco, un palo en toda la boca, sin haberlo visto, cegada de velocidad no supe controlar todo lo de alrededor, no supe conocer primero el terreno, con un simple vistazo pensé que era suficiente y con el primer árbol, todo a la mierda, caí, y no sabía como levantar, me retorcí una vez tras otra en el suelo, y de repente, en mitad de la nada, no había nada, solo un puto caracol que ralentizaba el tiempo, que hacía parecer que la agonía no terminaría nunca, y que volver a correr nunca iba a ocurrir. Un movimiento llamó mi atención, y el guepardo hizo un pequeño amago de levantar la pata, y con mucho sigilo, pisó al caracol, y le dijo ‘Hasta otra amigo.’
mi ken
+ Que ojalá fuese todo como cuando sólo tenía 6 años y mi mayor aspiración en la vida era sentarme en el sofá y que no me colgasen los pies, que mi mayor problema fuese uno del libro de matemáticas donde Juan perdía unos cuantos caramelos y simplemente me limitaba a restar, no me paraba a darle vueltas al por qué, a intentar consolarle o matarme por devolvérseles. Cuando la v y la b me importaban un rábano en los exámenes, y la baca siempre era la del campo, y por qué no también esa de los coches, donde dependiendo del día, me inventaba un sonido para la h, o tres más dos, eran 7.
-Mira ven, siéntate aquí conmigo, un poco más atrás, justo ahí. Vale bien, ahora mira hacia abajo, ves, si te lo propones, todavía puedes dejar colgar tus pies, intenta tocar el suelo sin mover tu espalda, imposible. Ahora, tu reto, puede ser crecer cada día un poco más, igual que cuando eras una mocosa. Ya verás, acércame ese papel, vamos a hacer un nuevo abecedario, unos nuevos números, si quieres que 3 más 2 sean 7, pues lo van a ser, o si quieres que la baca coma chocolate, que Juan, por una vez, va a recibir caramelos, y le vas a sacar una sonrisa. La h, será una caja de sonidos, cada vez uno, no vale repetir, y si lo haces, no pasa nada, si quieres, no hay un porque para no hacerlo. ¿Y sabes qué es lo mejor de todo?
+ Dime.
-Pues que mientras yo te estaba diciendo todo esto, tú solo has pensado en encontrar la manera de que tus pies tocasen el suelo, te has inventado mil maneras de colocarles, a pesar de saber que no ibas a poder llegar, igual que cuando tenias 6 años y lo único que querías era jugar a las muñecas y hacerlas darse besos con Ken.
+ La diferencia es que ahora quiero que me beses tú.
-Mira ven, siéntate aquí conmigo, un poco más atrás, justo ahí. Vale bien, ahora mira hacia abajo, ves, si te lo propones, todavía puedes dejar colgar tus pies, intenta tocar el suelo sin mover tu espalda, imposible. Ahora, tu reto, puede ser crecer cada día un poco más, igual que cuando eras una mocosa. Ya verás, acércame ese papel, vamos a hacer un nuevo abecedario, unos nuevos números, si quieres que 3 más 2 sean 7, pues lo van a ser, o si quieres que la baca coma chocolate, que Juan, por una vez, va a recibir caramelos, y le vas a sacar una sonrisa. La h, será una caja de sonidos, cada vez uno, no vale repetir, y si lo haces, no pasa nada, si quieres, no hay un porque para no hacerlo. ¿Y sabes qué es lo mejor de todo?
+ Dime.
-Pues que mientras yo te estaba diciendo todo esto, tú solo has pensado en encontrar la manera de que tus pies tocasen el suelo, te has inventado mil maneras de colocarles, a pesar de saber que no ibas a poder llegar, igual que cuando tenias 6 años y lo único que querías era jugar a las muñecas y hacerlas darse besos con Ken.
+ La diferencia es que ahora quiero que me beses tú.
ni tú misma sabes quien eres...
Siéndome sincera, hoy no ha sido un buen día. Uno de esos que llueve en la calle, y también bajo tu techo, de los que necesitas solo un paquete de clinex para sobrevivir, tumbarte en el sofá o en tu cama, ponerte una canción una vez tras otra, una de las que parecen que hablan de ti. Recordarlo todo, sentir que cada segundo, cada sonrisa y cada abrazo se han convertido en polvo, que ni tú misma sabes quien eres. Que esperas que nunca olvide que le quieres, pero que no tienes más remedio que olvidar, que todavía le quieres aunque, ya no le esperas, pues ya no le necesitas, aunque fuese a quien amaste infinito. Decides levantarte abrir la nevera, sacar una botella de vino, derramarlo sobre la copa y que eso invada un poco el silencio, el mismo que quedo cuando se dio la vuelta y se fue. Vuelves a tu sofá con la copa en una mano y una botella en otra, con total decisión a ahogar tus penas en un vacío, en un charco rojizo. Poco a poco va pasando el tiempo y la botella se va acabando, y estás exactamente igual que al principio pero con un ligero cosquilleo en la cabeza. Miras un rato por la ventana, con vergüenza de que alguien vea los ropajes viejos que llevas, y ensimismada por la lluvia comienzas a llorar, otra vez. Necesitas solo recuperar toda aquella confianza en las personas, que el rioja que se encuentra en tu mano te acompañe únicamente en cenas y comidas de familia o amigos, decirle que le añoras, pero que lo superaste, dejar de recordar aquel beso, el primero, afirmar que te encuentras bien y conciliar el sueño. Comienzas a ver fotografías de viejos tiempos, con ella, con ellas, con él, con todos. Extrañas viejos tiempos, que siempre fueron mejores, lamentas por ello errores, causas y perdones, no haber sonreído en algún momento, o no haber sabido demostrarlo todo. Una vez acaba la botella, y las fotos, vuelves al sofá, cierras los ojos, y no te queda más que dormir.
mi pequeño todo.
Ya son las 12, quizás es hora de levantarme. Como cada mañana, me dispongo a subir la persiana ¿sol, o nublado? Si hace sol, tocará lo más seguro acercarse a la piscina, pasar el rato con unos cuantos amigos, sentir el solecillo en la piel, darse algún chapuzón, estar al aire libre. En caso contrario me llamarán, quedaremos, iremos a ver las horas pasar a cubierto en previsión de lluvia, sin saber que hacer. Hoy tocará piscina, hace sol, supongo que debería encender el ordenador y abrir el tuenti, pero no me apetece, así que me tumbare en el sofá a ver la tele, No echan nada, mejor me voy al ordenador. A las 3 en la piscina, ¡qué raro! No sé porque, hoy, me apetece cambiar. Salir a mi terraza, sentarme, pensar o recordar, ya olvidé la diferencia. Me vuelvo a desconectar y me acerco hasta la terraza con unas cuantas cerezas para distraerme de todo un poco, pero el sol calienta demasiado. Descuelgo el teléfono, hoy no voy a la piscina, me quedo ‘relajada’ en casa. Una tarde de aquí para allá, viendo películas tristes y con música aún peor, con mis errores y arrepentimientos, comiendo helado de chocolate y con el ventilador en la cara. Salgo, doy un pequeño paseo, sola, con el sol en la cara, el calor por todo el cuerpo, con la cabeza en otro lado. Paseo por las calles más solitarias, y si pasa alguien me escondo, hasta que vuelvo a mi casa. Abro el portal, subo las escaleras, y abro la puerta. Una bocanada de aire frío me dio de frente. Sin darme cuenta se me había hecho de noche, y el móvil se me había llenado de llamadas. Apago y a la ducha para despejar. Me empecé a hacer la cena, una simple ensalada, era día de ello, y salí de nuevo a mi pequeña terraza, a cenar, con un poquito de vino, sin pasarse. Hay muchas estrellas, más que nunca, o eso me parece a mí, será el día. La luna está llena, todo parece encajar en una combinación algo más que perfecta, todo menos yo. Enciendo un cigarro, hacía ya años que no lo hacía. Doy un par de caladas, recuerdo viejos tiempo, la verdad que era feliz, tenía poco, pero mi poco era todo. Una lágrima me empieza a caer, aunque me pareciese increíble la primera del día. Apagué el cigarro tras dos caladas, me arrepentí. Cerré un simple instante los ojos y suspiré. Volví a abrirles y miré a las estrellas, me relajé, por fin. Sin querer, me quede dormida y volví a soñar, con mi pequeño todo.
sábado, 2 de julio de 2011
lo improbable es por definición probable.
El amor, las relaciones, los sentimientos, no se fundan en una razon prudente, por eso no me gusta hablar de amores imposibles sino de amores improbables. Porque lo improbable es por definicion probable, que lo que es casi seguro que no pase, pasa, y mientras haya una posibilidad, media posibilidad de que pase, vale la pena intentarlo.
-.-
Qué cierren para siempre la calle del olvido, que te metan en ella para nunca verte, qué no te vaya bonito, qué te vaya de muerte.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

