viernes, 2 de septiembre de 2011

Con su media naranja, alguien se hizo un zumo.

Esperó durante quinientas cuarenta y ocho lunas llenas a su media naranja, porque sí, ella aún creía en las medias naranjas, los príncipes azules y los cuentos de hadas. Miró  el cielo, pidió un deseo y, contemplando las estrellas, decidió esperar. Pero pasaron dos otoños y tres inviernos, y las hojas cayeron rendidas ante el frío gesto, y al final, después de quinientas cuarenta y ocho lunas llenas, su media naranja, su propia mitad, terminó por pudrirse......

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